Aquí en Alcalá lleva lloviendo ya desde hace algunos días, de forma intermitente. Pero entre anoche y esta mañana ha caído continua y con mucha intensidad.

Me gusta la lluvia. Me gusta el olor de la tierra mojada. Me gustan los charcos. Y, sobre todo, me gusta la sensación de las gotas de lluvia cayendo en mi cabeza.

Y hoy, sobre todo, me gusta la enorme profusión de charcos amplios y profundos. Hay tantos que, en cualquier momento, surgirá Cthulhu de uno de ellos. Para regocijo mío y desesperación ajena.

Lo que no sé es cómo se lo tomará el Gran Cthulhu cuando pase un coche por su lado y le salpique todo el lomo. Porque hay que reconocer que, por lo menos aquí, lo de los conductores cívicos y respetuosos con los peatones cuando hay charcos de por medio no se lleva mucho...